7 sept. 2010

Día 4. Carmel, Península Monterrey. California. 15 de mayo 2010.

Cuando el cielo empezó a apagarse, sobre las 20.00 pm, decidimos regresar para cenar en Carmel by the sea y ver un poco más aquello ya que por la tarde descubrimos que era un lugar muy especial.

Y si con la luz del día Carmel parece un sitio mágico al atardecer y por la noche aquello es como de otro mundo, los farolillos de sus casas tintinean y los restaurantes lucen tan románticos que da pudor no ir vestidos de gala, por ello volvimos al hotel a cambiarnos para la ocasión.












Antes de cenar dimos un paseo con el coche mientras recordamos que en algunas guías nos advertían de que el nivel de vida de Carmel es bastante elevado, traducción: la cena no sería barata.

Por poner un ejemplo, allí el mismo café que te preparan en cualquier otro Starbucks en California te cuesta sobre $1 dólar más, así porque sí.





Como anécdotas decir que en Carmel las papeleras están “camufladas” por cuestiones estéticas, hay zonas donde no existen los semáforos porque serían elementos discordantes en un pueblo de cuento, etcétera etcétera.





Hay mil curiosidades reales sobre este lugar para ricos donde Clint Eastwood fue alcalde a finales de 1980. En un municipio así el alcalde debe cobrar una auténtica fortuna!



Perdiéndonos entre esas casas de cuento descubrimos la que llaman la casita de Hansel y Gretel, y las de sus vecinos, y todas ellas las guardamos en nuestra memoria muy conscientes de que iba a ser muy complicado viajar a un lugar más acogedor y bello que ese.
















No hace falta que sigáis una dirección concreta porque en casi todas las calles hay mansiones preciosas, algunas fotos de las que aquí os mostramos las hemos conseguido a través de internet, otras son de nuestra cosecha.














A uno le dan ganas de empadronarse en este lugar de ensueño donde parece que, a cualquier hora, la seguridad es absoluta y la decoración urbana es tan cuidada como un perfecto decorado de unos estudios cinematográficos.


































Y en uno de esos restaurantes donde uno sueña con que le pidan matrimonio nos fuimos a cenar sin que eso ocurriera, es lo que tiene estar ya casados! En ese restaurante cenamos en una terraza a la luz de las velas y los farolillos envueltos en un ambiente bohemio.. Todo lo que pedimos fue exquisito, tanto una ensalada como un plato de pasta con una crema de cangrejo y de langosta, y aunque no barato tampoco tan caro como lo que hubiéramos estado dispuestos a pagar por cenar allí, unos 65 € sin botella de vino.


Cuando salimos seguimos disfrutando por esas extraordinarias calles cuyo asfalto empedrado aún les otorga más encanto. Sin rumbo fijo acabamos en algunas de las playas de Carmel donde podía verse a gente alrededor de una hoguera, cenando, hablando, enamorándose.. o paseando al perro, desde luego allí hacer cualquier cosa parece algo bonito, por nimio o transcendental que sea.


Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado, el final en la próxima entrada en Monterrey y la 17 Mille Drive.

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