3 sept 2010

Día 4. Big Sur, California. 15 de Mayo 2010.



Una de las protagonistas de esta entrada es la Highway 1, carretera nacional gratuita que une San Francisco a Los Ángeles por la costa.






Aunque si lo comprobáis en google maps no es la forma más rápida de ir de una ciudad a otra es una ruta fascinante y la más recomendada de la costa Californiana, por eso decidimos hacer el tramo más paisajístico que se extiende de San Francisco a la playa de Pfeiffer. Habíamos leído que podíamos encontrar baches y defectos en la carretera que dificultan la conducción y la hacen algo peligrosa, pero por suerte no fue así, de hecho muchísimas carreteras de España quisieran tener una anatomía tan bien conservada!

La Highway 1 está calificada como “carretera estatal escénica” porque posee una belleza que sólo la naturaleza puede lograr, sobre todo porque gran parte de su recorrido discurre entre inmensos acantilados y playas solitarias.





Parece que este paisaje costero es tan distinto a toda la costa californiana gracias a su propio microclima. Sus playas arboladas de una gran riqueza cromática reúnen todo tipo de fauna, esto supone un contraste tras otro respecto a las zonas áridas del interior de California. Así, entre dos urbes del calibre de San Francisco y Los Ángeles florecen todo tipo de especies vegetales que conviven con colonias de elefantes marinos, ballenas grises, delfines, focas, pelicanos.. Es fácil ver alguno de estos ejemplares desde la carretera.




Tras bastantes paradas en miradores llegamos a la Península de Monterrey, nos dirigimos al hotel que también habíamos reservado con la agencia de ECI para hacer un rápido check in.






Elegimos el Mariposa Inn & Suites por sus características y su excelente ubicación, está dentro del municipio y al lado de un centro comercial. El hotel es de estilo moderno aunque no muy vanguardista como podéis apreciar en las fotos, tiene una zona de piscina y chill out que no aprovechamos pero que le da un aire muy vacacional.






En definitiva es un hotel nuevo, limpio y silencioso con una buena calificación en Tripadvisor. Además al final nos incluía el desayuno buffet, wifi y parking gratis. El rango de precios para reservar una habitación en un hotel como el que nosotros elegimos en mayo oscila entre 140 € y 350 € por habitación doble/noche. Es recomendable reservar con mucho tiempo de antelación porque en muchos hoteles la estancia mínima es de 2 o 3 noches, y como hay demanda casi siempre están a rebosar.
Lo selecto de la zona de Carmel by the sea hace que por allí los precios sean elevados (tanto en alojamiento, restaurantes como en cualquier cosa que penséis hacer) considerando que son lugares muy poco poblados en comparación al resto de grandes ciudades que visitamos.













Tras fichar en el hotel y descargar las maletas volvimos a coger el coche y tras pasar por algunas calles de Monterrey y algunas de las de Carmel, donde las galerías de arte son tan numerosas como los bares en España (http://www.carmelcalifornia.com/), nos dirigimos a Point Lobos continuando por Big Sur, ruta famosa en el mundo por su rotunda belleza.
















Así atardeció mientras contemplamos una verdadera obra de arte tras otra, es como si fueran dibujos de acantilados en tamaño natural, con sus preciosas playas de arena blanca y fina, con rocas distribuidas de forma estratégica para que el cuadro quede perfecto.












Hasta el aire y la luz parecen acompañar la estampa que ofrece cada mirador. Y lo trágico de aquel día es que nos quedamos sin baterías en las cámaras, así que algún día tendremos que volver.. Aquí os mostramos algunas fotos hechas por nosotros y otras que hemos encontrado en la red y que reflejan parte de lo que vivimos.
















Tras pasar la conocida playa de Pfeiffer y parar en varios miradores regresamos, antes de que se hiciera de noche, a Carmel, un lugar que parece sacado de un cuento de Hans Christian Andersen, tal como os contamos en la próxima entrada..











23 ago 2010

Día 4. Santa Cruz, California. 15 Mayo 2010.

Desde Muir Woods volvimos hacia San Francisco atravesándola por la parte oeste y disfrutando de una nueva perspectiva de la ciudad que no conocíamos.

Cogimos la Hihgway 1, una carretera que hace que por sí sola tenga sentido alquilar un coche para ir a la Península de Monterrey y al Big Sur. Es un camino plagado de acantilados, playas y calas perfectas.



Paramos en varios miradores para contemplar lo escarpado de la costa, los rompientes y la majestuosidad del paisaje.

El tipo de vegetación, la forma abrupta que toman las calas y la grandeza del Pacífico se conjugan para regalar postales que no caben en el objetivo de una cámara.. Es un paisaje que reconocemos, de hecho lo íbamos buscando porque de tanto verlo en pelis y series queríamos saber si es tan espectacular en directo, y es mucho más imponente. Los acantilados se siguen unos a otros, conducimos por el borde de todos ellos en una carretera que parece infinita, el paisaje es pura California, si no fuéramos en coche iríamos en velero para poder descansar en cada una de esas fotogénicas calas que parecen un paraíso virgen, un mundo aparte de las grandes ciudades.

Y tras varias paradas para admirar este paraíso natural sobre las 14.00 h aproximadamente llegamos a la playa de Santa Cruz que también puede verse en todo su esplendor desde distintos miradores, a cuál de ellos más extraordinario.

Había muchísima gente practicando mil deportes derivados del surf, algunos de ellos desafiando al océano practicando un deporte con tanto mimo que se diría que hacen arte.

Nos adentramos un poco en el pueblo con el coche por la parte de la costa, vimos el parque de atracciones en la playa, una atmósfera muy distinta a Santa Mónica pero también muy curiosa digna de ver. Por supuesto, para los que lo duden os aseguramos que la montaña rusa funciona perfectamente!


Allí la mayoría de tiendas son de Quicksilver, Rip Curl y similares, y exhiben en sus fachadas originales tablas de surf como un producto típico nacional. En esos lares la gente lleva su tabla bien protegida en fundas aterciopeladas como si fueran guitarras de firma. Sin duda hubiéramos comprado 2 pero no sabíamos en qué maleta meterlas..

Santa Cruz es un lugar ideal para veranear, el tiempo es muy apacible, más parecido al clima de Los Ángeles que al de San Francisco. Hay muchas playas donde elegir y el ambierte deportista y surfero, así como los numerosos restaurantes y bares hacen que haya muchas opciones de ocio para evadirse un poco, además el lugar promete amaneceres de ensueño.

Tras atravesar varias calles, la avenida principal repleta de restaurantes pero ni un sólo aparcamiento, y con todos los parkings que vimos a rebosar, decidimos hacer algunas fotos, grabar un poco con la cámara de vídeo y seguir adelante hacia Capitola, otro lugar no tan conocido pero que nos recomendaron.

Y así llegamos a una pequeña ciudad aún más hermosa que la gran Santa Cruz.

Todas las viviendas son plantas bajas de colores; es un lugar surcado por amplias avenidas, calles muy limpias y con una estructura urbana tan sorprendente como acogedora. No tenemos fotos de Capitola, sólo algún vídeo y muchos recuerdos..

Tampoco pudimos aparcar pero las calles estaban llenísimas de gente, incluidos los restaurantes, así que volvimos a coger carretera y acabamos en un área como de servicio en plan centro comercial donde había una especie de Whole Food Market muy famoso por allí y de la misma excelente calidad. De forma rápida elegimos algo de comer, bebida, unas pringuels americanas y continuamos el camino hacía Carmel.

Tras un rato de camino, en una colina con vistas a un faro situada en un bello acantilado entre playas de arena cubiertas de árboles, hicimos una "parada técnica" fisionómica en el sitio más hermoso donde hemos hecho una parada de este tipo.

Luego, sin ninguna excusa, volvimos a detenernos una y otra vez en algunos miradores hasta llegar sobre las 16.00 pm a Monterrey. Pero eso será ya en la próxima entrada, en la que os hablamos sobre la Península de Monterrey, sus increíbles paisajes y el Big Sur.

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18 ago 2010

Día 4. San Francisco, Muir Woods. 15 de mayo 2010.

Con nuestro flamante, y nuevo, Pontiac G6 nos dirigimos rumbo a Muir Woods. Es un bosque de la costa californiana donde se pueden contemplar las secuoyas más altas y veteranas del planeta, no hay duda de que si el oso Yogui vive en algún sitio sin duda es en éste!

Y aunque alquilamos un GPS, la calidad del mismo (Garmin) deja mucho que desear, de hecho nos perdimos un poco pero como este parque natural está muy cerca de Sausalito en unos 20 minutos llegamos. Cuidado a los que se marean porque vienen curvas! Pero como el paisaje es tan espectacular uno casi no se da cuenta, en nuestro caso había incluso niebla que le daba un aspecto místico a las montañas.



















Era el comienzo de la parte más natural del viaje, y mereció mucho la pena, excepto por el aparcamiento. Imposible aparcar cerca del bosque si se llega en fin de semana más tarde de las 9.30 am. Dato útil que tenéis que recordar: se puede aparcar en los bordes de la carretera porque donde está indicado no ponen multa.

Además de osos tallados en madera como podéis ver en la foto, en la entrada hay una cabaña que es una tienda de recuerdos tallados en madera, bastante caros pero 100 % artesanales, un bol para ensalada puede costar unos 60 €, una cajita muuy pequeñita tipo joyero unos 20 €.













En esa misma cabaña hay una zona con un bar donde podéis beber o comer algo. Sin duda os recomendamos que como mínimo compréis agua, zumos y algo de picar porque Muir Woods está cuajado de mil senderos y necesitaréis energía y azúcares.






Podéis elegir una ruta en función del tiempo aproximado que se tarda en recorrerla, si seguís el camino no os podéis perder, con la ventaja de que en muchos momentos estaréis solos con la sensación de que en cualquier momento os va a asaltar un oso, pero se respira tanta paz que os olvidaréis de esa posibilidad desde el primer minuto.




















Gracias a un sistema de protección, estos árboles gigantes hoy crecen en casi todos los parques de Estados Unidos, aunque los más altos viven en Muir Woods y Yosemite.

En la página web oficial podéis ver los precios, horarios, rutas y mapas de Muir Woods: http://www.nps.gov/muwo/index.htm



Tener en cuenta que algunos meses de invierno (por cuestiones metereológicas) podéis encontrar este bosque cerrado al público (esto también ocurre en el parque Yosemite), así que atentos a los horarios.

Si no alquiláis un coche podéis contratar la excursión a Muir Woods sola o combinada con la de Sausalito, aunque esta opción implica perder más tiempo porque os tenéis que adaptar a sus horarios.

En medio de tantas secuoyas parece que el oso yogui y su familia pueden aparecer en cualquier momento en busca de un suculento picnic. Así, recorrimos varios senderos e hicimos el trayecto de una hora, nos metimos dentro de alguna secuoya, pasamos por puentes y riachuelos varios, y pudimos sentir en nuestra propia piel cómo son este tipo de bosques americanos.

Son bosques densos, inmensos, acogedores y con mil tonos distintos, en Muir Woods nos sentimos llenos, muy vivos.

La luz se cuela entre los árboles provocando un arco iris de tonos nuevos que subrayan la profundidad del paisaje, donde parte de los personajes son los guardabosques con su traje típico como sacado de Twin Peaks.






Cuando llegó el medio día empezamos a deshacer esta espectacular ruta natural y marchamos rumbo a Big Sur por la legendaria y fotogénica Highway 1.

Nuestro próximo destino.. Santa Cruz.

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17 ago 2010

Día 4. San Francisco, Sausalito. 15 de mayo 2010.

A las 7.30 am y ya con las maletas decidimos coger un taxi en la puerta de nuestro hotel, como sabéis justo en el Fisheman’s Warlf de San Francisco, pasaron varios en el intervalo de dos minutos por lo que no hay problema para elegir.


Paramos a uno de ellos y nos dirigimos a Álamo en O’Farrel Street, el día anterior habíamos pasado caminando para asegurarnos de su ubicación. La carrera en taxi nos costó unos 10 €, aunque al principio sentimos cierta desconfianza porque el taxista metió muy rápido las maletas en el maletero sin darnos opción a consultarle ni precio ni nada.

Llegamos a Álamo, que contratamos a través de Globel Cars y del que no os ponemos el enlace porque tuvimos una experiencia bastante decepcionante, elegimos un coche Pontiac G6 con GPS, seguro a todo riesgo, seguro personal y depósito lleno que podíamos devolver vacío.

Aunque el coche que nos entregan es nuevo y corresponde a la categoría contratada, nos cobran 2 veces el depósito de gasolina que ya habíamos pagado previamente, una vez on line y otra in situ a pesar de que insistimos en la oficina y presentamos la documentación, y a pesar de que hay una recepcionista que habla español! Al final el alquiler del coche nos supone 75 € más de lo que creíamos que nos costaría, aproximadamente 200 € por 2 días. Además de que nos cobraron de más, no os recomendamos esta compañía intermediaria porque tuvimos varios problemas y las operadoras no resuelven las incidencias con rápidez y eficacia. Pero una vez allí no era cuestión de buscar otra compañía de alquiler de coches, y más considerando que ya habíamos pagado gran parte de la factura on line.











Por casualidad, en la oficina de Álamo conocimos a 2 españoles majísimos que estaban haciendo un viaje similar al nuestro pero sustituyendo Yosemite por Big Sur, tenían 10 días más que nosotros y todo lo hacían en coche.. nos pareció agotador tantos kilómetros en coche, aunque al final en el presupuesto se nota creemos que te resta muchísimo tiempo de disfrutar de los sitios, y una vez te embarcas en un viaje así hay que tener las prioridades claras y para nosotros son: tiempo y comodidad. Intercambiamos algunas opiniones y nos deseamos suerte como buenos paisanos, espero que la tuvieran al menos tan buena como nosotros.



















Y desde allí salimos rumbo a Sausalito. Menuda sensación ver a mi chico conducir por las calles y cuestas de San francisco, pasamos por otros barrios más en plan las casas de Twin Peaks y por fin….. el Golden Gate. Envuelto en una niebla embriagadora el segundo puente más famoso del mundo se abrió ante nosotros. Alquilaría un coche sólo para poder atravesarlo.. esa sensación es como sentir que te estás comiendo el mundo en ese justo momento.












Y al terminarlo un perfecto mirador desde donde poder contemplar su espléndida silueta, allí había un montón de gente en autobuses turísticos y demás haciéndose la foto de rigor que podéis ver aquí. Aprovechamos para ir al baño, mojarme los pies en un inoportuno charco y coger carretera rumbo a un pueblecito con mucho encanto: Sausalito.


En pocos minutos ya estábamos recorriendo las calles de Sausalito, un curioso pueblo costero de estilo mediterráneo laureado por su belleza y con el honor de ser considerado uno de los lugares con mayor encanto de California. Un lugar pintoresco ubicado en la orilla septentrional de la bahía de San Francisco donde paramos a desayunar.




Dimos una vuelta pero sin desviarnos mucho del camino y de la avenida principal, y nos decidimos por un sitio archiconocido, The Lighthouse Café.







Un dinner que merece la pena, lleno hasta arriba desde primera hora de la mañana, podéis pedir zumos naturales, tortitas recién hechas con moras y frambuesas, platos americanos que son casi una comida.. Nos costó alrededor de 16 €, algo caro pero nos pusimos las botas, pedimos dos tortitas con frutas del bosque y un zumo de naranja natural, y un plato combinado (tienen muchas opciones) con café con leche y leche sola.





Sausalito se caracteriza por sus más de 400 casitas situadas en la costa, por su puerto pesquero y sus viviendas flotantes. Sin duda, una pequeña excursión a Sausalito merece la pena, aunque si no tenéis mucho tiempo y sólo si os veis obligados a decidir entre esta población y Muir Woods sin duda quedaos con este último.. en la próxima entrada podréis juzgar por vosotros mismos.

Y ese será nuestro próximo destino: Muir Woods.

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